Soy concept artist y diseñador gráfico para cine y televisión en España.
Como concept artist, trabajo en la creación visual de mundos, atmósferas, objetos y referencias que ayudan a definir la identidad de una película o una serie. Mi labor consiste en imaginar, desarrollar y dar forma a ideas visuales antes de que existan físicamente: desde propuestas de ambientación, objetos, espacios o estilos gráficos, hasta piezas que sirven como guía para construir el universo de una producción.
Como diseñador gráfico, me especializo en la creación de props gráficos para ficción: documentos de época, mapas, carteles, papelería oficial… y también en esas grandes cantidades de papeleo aparentemente insignificante que todo set necesita para construir un mundo creíble.
He trabajado durante más de veinte años en el departamento de arte de distintas producciones, participando en proyectos de todo tipo, desde cine hasta animación. Mi trabajo consiste en hacer que lo ficticio parezca real. Diseñar piezas que no existen, pero que podrían haber existido, respetando contextos históricos, estilos y pequeñas imperfecciones que son, al final, las que hacen que todo funcione en pantalla.

DISEÑANDO PROPS GRÁFICOS PARA CINE
{Preguntas que a veces me hacen}
¿Cómo empezaste a trabajar en diseño gráfico para cine?
Como muchos, empecé casi sin darme cuenta. Mis primeros trabajos en el sector fueron dentro del departamento de arte, y poco a poco fui encontrando mi lugar en el área gráfica. Al principio sorprende pensar que haya diseñadores gráficos en historias ambientadas en épocas donde ese oficio no existía como tal, pero la realidad es que siempre ha habido alguien encargado de producir esos elementos: escribanos, rotulistas, impresores… Nuestro trabajo hoy es recrear ese oficio.
¿Es tan emocionante como parece?
Sí, lo es. Y quien diga lo contrario probablemente ya lleve demasiado tiempo en esto o esté intentando parecer indiferente. Trabajar en cine tiene algo especial: ver tu trabajo en pantalla, aunque sea desenfocado en un fondo, sigue siendo emocionante incluso después de muchos años.
¿Cuánto de tu trabajo llega realmente al espectador?
Muy poco. La mayor parte está pensada para no ser vista directamente. Si alguien se fija demasiado en un prop, probablemente algo falla. Todo está ahí para sostener la historia, no para protagonizarla. Aun así, ese nivel de detalle es lo que permite que el mundo funcione.
¿Qué tipo de proyectos prefieres?
Me interesa especialmente todo lo que tiene que ver con recrear estilos, épocas o lenguajes gráficos concretos. Disfruto mucho trabajando desde lo artesanal, alejándome de lo digital cuando es necesario. Intentar diseñar como lo habría hecho alguien dentro de ese mundo, no como lo haríamos hoy.
¿Trabajas siempre en grandes producciones?
No necesariamente. Y en realidad, eso es lo de menos. Lo importante es el proceso: aprender a construir este tipo de piezas, entender cómo funcionan dentro de una historia. A veces los proyectos más pequeños son los que te permiten experimentar más.
¿Cómo es trabajar dentro de un departamento de arte?
Es un trabajo muy colaborativo. Todo está conectado: dirección, vestuario, decoración… El diseño gráfico es solo una pieza más dentro de ese engranaje. Hay que adaptarse constantemente y entender qué necesita la historia en cada momento.
¿Qué es lo más difícil de este trabajo?
Hacer que algo diseñado parezca que no lo está. Quitarle la “intención de diseño” a las cosas. Introducir imperfecciones, errores, desgaste… todo aquello que hace que un objeto resulte creíble.
Estoy empezando en mi primer trabajo en cine, ¿algún consejo?
Sé paciente, observa mucho y cuida los detalles. Y, sobre todo, entiende que gran parte del trabajo consiste en pasar desapercido. Ahí es donde está la clave.