
Trabajo dentro de departamentos de arte creando imágenes, objetos gráficos y sistemas visuales para ficción. A veces eso significa imaginar el aspecto de un mundo antes de que exista. Otras veces significa diseñar todo lo que lo hace creíble cuando ya está construido: carteles, documentos, marcas, packaging, prensa, señalética, pantallas, papelería, mapas, expedientes, etiquetas y pequeños detalles impresos.
Mi trabajo consiste en hacer que lo ficticio parezca real.
No se trata solo de diseñar algo bonito. Se trata de entender una época, un personaje, una institución, una calle, una empresa, una familia o un lugar inventado, y construir su huella gráfica. Qué papel usaría. Qué tipografía tendría. Qué errores cometería. Qué habría envejecido. Qué habría impreso deprisa. Qué habría pasado por demasiadas manos.

En cine, muchas veces el mejor diseño gráfico es el que no se nota. El que está ahí, sosteniendo el plano, sin pedir atención. Un documento encima de una mesa, una etiqueta en una botella, un cartel en una pared, una carpeta en una oficina, una pantalla encendida al fondo. Si el espectador se lo cree sin pensarlo, entonces funciona.
A lo largo de más de 75 películas y series he trabajado en concept art, grafismo de ficción, ilustración, props impresos, diseño de marcas ficticias, documentación de época, cartelería, señalética y piezas gráficas para decorados. Cada proyecto trae su propio problema: legal, estético, narrativo, histórico, técnico o simplemente urgente. Y casi siempre todos a la vez. Me gusta ese lugar donde se cruzan el diseño, la investigación, la mentira bien contada y la producción real. Donde una idea acaba convertida en un vinilo, un cartel, una etiqueta, un sello, una pantalla, un folleto, una caja, un periódico o un papel arrugado que quizá nadie mire, pero que hace que todo parezca verdad.
